El artículo explora las relaciones de amistad que se han generado desde hace mucho tiempo al interior del colectivo homosexual, destacando su papel como construcciones identitarias ya que ejercen una práctica de resistencia a las normas sociales que los estigmatizan. Desde este contexto, se discuten las implicaciones políticas de estos vínculos estratégicos y sus relaciones con conceptos como parentesco o familia. Aunque el texto se centra específicamente en las amistades lésbicas, entendiendo que contiene un especial poder subversivo frente a la heteronorma.
Finalmente, se reflexiona sobre cómo, una vez alcanzados los derechos que tanto había perdido el movimiento institucional de gays y lesbianas, la integración social de la homosexualidad había podido asumir la pérdida del potencial transformador de lo colectivo, al priorizar el uso de las instituciones heteronormativas frente a sus formas alternativas de relacionarse, que se vuelven empáticas y desaparecen.
Este texto adopta la autoetnografía feminista como una metodología de investigación distinta, que valida el conocimiento experiencial como una fuente legítima de conocimiento. A través de esta perspectiva, se explora la relevancia de la relación entre lo personal y lo político, destacando su potencial para impulsar la transformación social.